11 de junio de 2020

Los insectos de granja no pueden transmitir el COVID-19

Investigaciones llevadas a cabo por la universidad holandesa Wageningen concluyen que estos no pueden transmitir el virus responsable del COVID-19

Mayores barreras a la propagación de enfermedades

Comer insectos es una práctica habitual en un tercio de la población mundial que está extendiéndose en los países occidentales. Frente a lo que muchas personas podrían pensar, en términos de seguridad alimentaria, estos representan una alternativa más segura en relación con otros alimentos más convencionales.

En el marco de la Unión Europea, de igual manera que cualquier otro ingrediente alimentario, los fabricantes de productos que incluyen insectos deben cumplir con todas las regulaciones establecidas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

Además, como punto positivo, el ser los insectos tan diferentes a los seres humanos desde el punto de vista evolutivo, hace más difícil la propagación de enfermedades. Esto es debido principalmente a que, en líneas generales, aquellos patógenos que afectan al ser humano (muchos de los cuales sí pueden sobrevivir en otros animales) no pueden hacerlo en los insectos, haciendo que estos actúen como una barrera ante su propagación

Insectos y propagación del COVID-19

El estudio ha analizado las posibilidades de propagación en aquellas especies más ampliamente usadas en alimentación: mosca soldado negro, mosca doméstica, grillo y tenebrio.

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¿Son estos insectos hospederos del virus?

En el caso de la enfermedad COVID-19, esta es producida por el virus  SARS-CoV-2.

Para poder alojarse en un organismo, este ha de tener en sus células receptores ACE2 que permitan al virus adherirse a la célula.

En el caso de los insectos estudiados, sus proteínas ACE no permiten al virus adherirse a sus células y por tanto no pueden actuar como hospederos.

¿Pueden los insectos portar el virus?

Al no permitir que el virus viva en las células de los insectos, la capacidad de estos de portar el virus disminuye considerablemente, ya que el virus solo puede sobrevivir en ellos un periodo de tiempo limitado y no puede reproducirse. 

Automatización y medidas higiénicas estrictas para prevenir la propagación

La cría de insectos se lleva a cabo en instalaciones interiores bajo unas condiciones de higiene muy estrictas. Esto limita la presencia de microorganismos y otros patógenos. Además, el proceso de cría se encuentra, en muchos caso, altamente automatizado, de modo que el contacto con humanos es limitado y reduce el riesgo de transmisión pasiva del virus.

Conclusión

A pesar de los tabúes y el rechazo cultural al uso de insectos en alimentación, este resulta una muy buena alternativa al consumo tradicional de proteínas no solo en términos organolépticos, medioambientales y económicos, sino también en lo que a seguridad alimentaria se refiere. Los insectos, por su propia naturaleza y por la manera en la que se crían, reducen el riesgo de transmisión de enfermedades desde el animal de granja al ser humano.

Fuente: Wageningen University